3/12/09

LOS BOLONAUTAS 201 (HOMENAJE A CÉSAR CORZO)


AÑO NUEVO
Año nuevo, propósitos nuevos. Los mismos viejos incumplimientos. Decido realizar a conciencia el aseo de mi recámara (“La caverna del oso”, le llama Paulina). Arreo el polvo, no los recuerdos.

Además del closet lleno de disfraces de ocasión, raídos la mayoría, y la cama, caben en mi habitación una mesa pequeña y dos sillas manufacturadas por indígenas, que yo he pintado de rojo sangre con margaritas. Alguna vez me referí a los folclóricos armatostes llamándoles “muebles de indios”. Paulina hirvió indignada. Se puso a pitar y a echar humo como una tetera multiorgásmica.

En esa mesa disfruto todos los días el inevitable biocafé matutino; leo Diario de Chiapas (el bueno, color naranja). Colmado de arrugas, todavía soy un mugroso chamaco en el zoológico de la sección cultural. Dibujo y pinto a veces. A veces le pongo música a las veleidades del tiempo con mi vieja armónica (violineta, dice el Flores Meneses que le llaman en Simojovel).

Desnudos, ella amagándome con sus pezones engreídos, en esa mesa Paulina y yo bebimos vodka con jugo de piña a cada rato. Fumamos. Desde ahí, yo lamiéndole como perro huérfano los pies, aspirándola de cuerpo entero (el olfato es la paloma exploradora del gusto) escuchamos a Sabina, a Bob Marley, a Cigala, a los troveros cubanos de todas las épocas, Silvio y Pablo incluidos, por supuesto.

Paulina tendida en la angosta mesa, su cabellera un charco de pelo; yo en el piso, parado sobre las puntas de mis pies, fornicamos. No digo “hacemos el amor” porque me saldrían ampollas en la lengua.

Algunos de esos acrobáticos embates tuvieron el clímax previsible: ella viniéndose -como jamás otro barraco pudo hacerla venir- en carcajadas. Yo, revolcándome en el piso presa de calambres en las pantorrillas.

Puedes creerlo o no, Lulú, es tu derecho, pero pulido a piel viva, laqueado a base de flujos corpóreos de la bella y la bestia, del betabel y la lechuga fresca combinados en proporciones justas, el rojo de la mesa se encendió.

Después de Paulina el cálido color es una flama. Es un fuego fatuo. Es un coyol de obispo. Es una pitahaya incandescente. Es una reverberación constante de nostalgias y sexuales fantasías. Ello, pese a que en varios intentos míos por crucificar a Paulina me quedé con los clavos en la mano. Sin martillo con qué enterrarlos.

Caben también en la recámara mi computadora y algunos libros. Caben mi insomnio y unas rústicas alas invisibles, armadas con ganchos para ropa y papel estraza, que uso para volar en sueños. Para soñar en vuelos. ARCADIO ACEVEDO.



El pintor César Corzo y el director general del COBACH, Rodrigo Valdés Avendaño
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Pintor del Alma de Chiapas
HOMENAJE A CÉSAR CORZO

El Colegio de Bachilleres de Chiapas le rindió un emotivo homenaje al artista plástico César Corzo, “como una muestra de la admiración perenne que la gran familia cobachense profesa a quienes representan los valores culturales que nos dan fortaleza y reciedumbre para constituirnos en un pueblo que finca su poderío en la fuerza de sus mejores talentos”, manifestó Rodrigo Antonio Valdez Avendaño, director general del COBACH, al dar la bienvenida a la distinguida concurrencia.

Destacadas personalidades de los ámbitos académico, cultural y educativo como Alejandro Navas Sánchez, subsecretario de Planeación de la Secretaria de Educación, quien llevó la representación personal del gobernador del estado, Juan Sabines Guerrero; Josefa López Ruiz de Laddaga, titular de los Servicios Federales de Apoyo a la Educación; Javier Espinosa Mandujano, connotado jurista y escritor; Luz del Carmen Zedillo, coordinadora de Relaciones Internacionales de la UNACH, David Rodríguez Patiño, reconocido artista plástico, entre otros como familiares y amigos que se dieron cita en el auditorio de las oficinas centrales del Colegio, “para rendirle juntos un homenaje, no por modesto menos apasionado al Premio Chiapas… no importa de qué año, la aportación artística y cultural de César Corzo a la humanidad, ya se encuentra inscrita en los anales de la posteridad”, subrayó Valdez Avendaño.

En un elocuente discurso, Javier Espinosa Mandujano, se refirió al “artista cuyo espíritu indigenista no se cansa de estudiar y de retratar ese mundo auténtico que poco a poco desaparece ante el avance inhóspito de la llamada civilización”, tras lo cual se exhibió un video con una breve semblanza del artista. Acto seguido, el titular del COBACH hizo entrega de un reconocimiento al pintor, muralista e investigador, quien vivamente emocionado dijo no merecer el homenaje, porque “nací pintor, es lo que me gusta hacer, es lo que sé hacer, es lo que quiero hacer; que mérito puede tener un ruiseñor por su dulce canto; mérito sería que un burro cantara”, afirmó con la modestia, el buen humor y la sencillez que sólo tiene los grandes hombres.

Con visible emoción, el subsecretario de Planeación de la SE, Alejandro Navas Sánchez, en un gesto espontáneo acordó con el ingeniero Rodrigo Valdez solicitarle a don César Corzo la elaboración de un mural en las oficinas centrales del COBACH


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