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La fotografía es la otra vibra del plano nuestro. Es la realidad y a la vez la metáfora de ésta.
El instante en el cuadrante que permanece y se mueve sin hacerlo.
La fotografía de Óscar León me remite a esa cualidad que atesora la médula del instante, la poderosa fibra del movimiento y la energía de los sentidos atentos.
Hoy, de los álbumes Paisaje Intimo y Travesía Nocturna, esta exposición penetra y sondea el ritmo de la luz, las sombras y el eco aquel que advierte lo siguiente que ya no será jamás.
Muchas son las veces que me he detenido a ver el trabajo de un fotógrafo, desde que advertí en ellos esa luz o esa lis, que los diferencia de los demás fotógrafos de prensa.
En Chiapas, ya se había vivido la madurez de la fotografía, pero sin duda creció con la electrónica y de aquellas Konicas de cuerpo metálico, vinieron las digitales, y con ello, los softwer en las computadoras que nos ayudan a los miopes del movimiento, a mejorar la luminosidad.
Pero eso no hace al ojo que descubre ese instante. Porque el instante es huraño, no se le revela a cualquiera. Por eso es fugaz, e imagino que cuando se atrapa, poseemos una lasca del universo.
¿O cómo se explica el universo en un instante?
La foto por eso ha colocado su trofeo en lo alto. Es un arte valuable y explicable.
Hoy Óscar León nos refrenda con estas imágenes el cómo es la caligrafía de la imagen, la prosa del movimiento, la poesía de la vista.
El Óscar maduro y expresivo, extenso e intenso cuyas imágenes prolongan su ser como parte de ese instante que se hace tiempo material en sus fotos. Creo que ahí está la metáfora, en ese instante tiempo que se palpa, que se observa todo el tiempo, que es como la luz del universo, que la vemos aunque su origen haya concluido hace milenios.
La foto expresa su tiempo, pero a la vez el talento del fotógrafo.
Óscar León les presenta este intenso movimiento, estas lascas del universo para deleite del ojo ajeno.
El instante en el cuadrante que permanece y se mueve sin hacerlo.
La fotografía de Óscar León me remite a esa cualidad que atesora la médula del instante, la poderosa fibra del movimiento y la energía de los sentidos atentos.
Hoy, de los álbumes Paisaje Intimo y Travesía Nocturna, esta exposición penetra y sondea el ritmo de la luz, las sombras y el eco aquel que advierte lo siguiente que ya no será jamás.
Muchas son las veces que me he detenido a ver el trabajo de un fotógrafo, desde que advertí en ellos esa luz o esa lis, que los diferencia de los demás fotógrafos de prensa.
En Chiapas, ya se había vivido la madurez de la fotografía, pero sin duda creció con la electrónica y de aquellas Konicas de cuerpo metálico, vinieron las digitales, y con ello, los softwer en las computadoras que nos ayudan a los miopes del movimiento, a mejorar la luminosidad.
Pero eso no hace al ojo que descubre ese instante. Porque el instante es huraño, no se le revela a cualquiera. Por eso es fugaz, e imagino que cuando se atrapa, poseemos una lasca del universo.
¿O cómo se explica el universo en un instante?
La foto por eso ha colocado su trofeo en lo alto. Es un arte valuable y explicable.
Hoy Óscar León nos refrenda con estas imágenes el cómo es la caligrafía de la imagen, la prosa del movimiento, la poesía de la vista.
El Óscar maduro y expresivo, extenso e intenso cuyas imágenes prolongan su ser como parte de ese instante que se hace tiempo material en sus fotos. Creo que ahí está la metáfora, en ese instante tiempo que se palpa, que se observa todo el tiempo, que es como la luz del universo, que la vemos aunque su origen haya concluido hace milenios.
La foto expresa su tiempo, pero a la vez el talento del fotógrafo.
Óscar León les presenta este intenso movimiento, estas lascas del universo para deleite del ojo ajeno.
René Delios
Casa de doña Tina Rodríguez, Tuxtla Gutiérrez; 2009.
Casa de doña Tina Rodríguez, Tuxtla Gutiérrez; 2009.

PAISAJE ÍNTIMO
Extraño de tu cuerpo
aquello que tenía vida,
que emergía,
que se mezclaba con el todo que era yo contigo…
Extraño su simpleza,
sus figuras,
la superficie tenue que
acordonaba mis córneas…
Extraño los remolinos de tu espalda,
los naufragios de tu vientre,
el espacio dormido entre tus pechos,
el fuego hundido entre tus piernas…
De pronto el ocaso,
el horizonte,
el océano,
las nubes,
el regazo…
De pronto los labios flor que me robé
en la humedad fraguante de tu escaleno,
y las cascadas de aguamiel que bebí
al poseerte…
y el infortunio,
y el arrebato,
y el desacato,
y la revancha…
De pronto todo sofoca la estancia,
la condena,
la pulveriza,
la quebranta…
La decencia invicta en tus caderas,
la consagración voluble en tus matices,
eres tú para que vuelva,
soy yo para que te quedes,
en las sábanas,
en la seda almidonada de tu cuerpo,
en las arrugas de tus dedos y el colchón…
Andrea Ruiz

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